Lo eterno en lo caduco

Esta obra se enmarca dentro de la expresión de conceptos abstractos y espirituales, enfocados directamente a un contacto personal con la idea de Dios. Esta relación entre lo divino y mi alma, articula el espacio a nivel formal, mediante el uso espontáneo y totalmente bañado de fuerza directa hacia el soporte. El diálogo con la idea de Dios, con Dios mismo, lo establezco en el acto de creación utilizando materiales como el cartón y la pintura negra, esta última como protagonista en una de mis series más representativas.

A diferencia de Wassily Kandinsky que sostiene que “el negro suena interiormente como la nada sin posibilidad, como la nada muerta después de apagarse el sol, como un silencio eterno sin futuro y sin esperanza. […] El negro es algo apagado, como una hoguera quemada; algo inmóvil como un cadáver, insensible a los acontecimientos e indiferente. Es como el silencio del cuerpo tras la muerte, el final de la vida. Exteriormente es el color más insonoro, sobre el que cualquier color, incluso el de resonancia más débil, suena con fuerza y precisión”[1], el negro para mí es el color de la infinitud. El negro, al igual que el cartón (los materiales que integran la parte formal de la obra) se ve inmerso en una paradoja entre lo eterno del contenido y lo caduco de lo formal de la obra. No puedo expresar lógicamente con palabras el por qué del uso del negro como color protagonista, sin embargo este color me lleva a un espacio vacío e infinito en el cuál yo misma me identifico con la nada. Un espacio sin fin, un vacío infinito lejos de toda la realidad sensible que me rodea. El negro es la posibilidad de la vida, habla del todo, un agujero vacío que todo lo absorbe. Una unidad de la que surge todo y en la que todo se apaga. El principio y el fin. Un lugar de reposo e incertidumbre a la vez, en el que mi sed espiritual se sacia. Es en este vacío donde ya no soy yo la protagonista de mi obra, mi cuerpo material permanece ausente mientras pinto dejando que el espíritu ligado a lo divino hable y dialogue con mi propia alma.

Te invito a ti lector, a descubrir un diálogo vivo con Dios a través del arte, de la música, de la danza, de la palabra o de cualquier otra forma que tengas de expresarte y comunicarte con el Creador. Es un privilegio saber que el artista que más ha amado su obra a lo largo de toda la historia ha sido tu propio creador, siendo tú la obra más amada. Descubre hasta qué punto te amó, acércate a Él. Nunca será la muerte, la oscuridad, el silencio eterno sin un futuro y sin esperanza, nunca será insensible a ti, ni indiferente; nunca será el final de la vida si permaneces en Él.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16

 

[1] Wassily Kandinsky. De lo espiritual en el arte. Madrid: Paidós Estética, 2010, p. 78.

 

Créditos

Obra pictórica de Ester García Medina, Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Granada (2014) y Máster en Producción Artística en Málaga.

Los comentarios son de la propia autora.

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