El tiempo libre y el futuro

Sin lugar a dudas, uno de los mayores riesgos reales que enfrentan los jóvenes de tu generación son los elevados índices de fracaso escolar y la alta desmotivación en todo lo relacionado con los estudios. Según el Instituto de la Juventud, el fracaso escolar en secundaria llega al 30%.

Seguro que alguno estará diciendo: “¿ves?, esto es consecuencia de tanta salida nocturna, de tanto botellón y tanto porro”. Pues me temo que no es una consecuencia que podamos relacionar directamente con el tipo de ocio que hemos analizado. No necesariamente suspenden más los que tienen un comportamiento más “marchoso”. Es importante recordar que la capacidad intelectual para asimilar información, entenderla y recordarla, no es sinónimo de ser inteligente. Puedes sacar muy buenas notas, pero tomar muy malas decisiones en el día a día y, con ello, tirar tu vida a la basura.

Creo que la causa hay que buscarla en lo que sucede en general en nuestra sociedad posmoderna y, por tanto, no es exclusivo de la gente joven. Nos preside la creencia de que lo verdaderamente importante y que llena mi vida es aquello que hago en mi tiempo libre; todo lo demás lo hago por obligación y no me aporta satisfacción.

Si eres estudiante, y te lo tomas en serio, déjame que te diga que estás invirtiendo bien. No importa lo que hagan los demás o si son la mayoría. No permitas que el grupo de los que alardean de sus suspensos te haga sentir marginado o inferior por aprobar y sacar buenas notas. Estás aprendiendo a ser responsable, a esforzarte, a sacrificar cosas y a invertir para tu futuro.

Si eres de los estudiantes en huelga permanente y piensas que el graduado te lo darán aunque sólo sea por antigüedad en el instituto, párate un poco y piensa con la cabeza. Estás eligiendo mal. Si no eres capaz de responsabilizarte de tu obligación en el presente (que es estudiar), ¿qué harás cuando seas adulto? ¿Piensas que la cosa se pone más fácil cuando te haces mayor? ¡¡ Pues noooooooo!! Todo lo contrario. ¡Todo se pone más difícil! Si no sabes manejar ahora 3 €, ¿crees que lo harás mejor cuando tengas que administrar 3.000 €? No te molestes a contestar, ya te lo digo yo: la respuesta es NO. La Biblia dice que el que no es fiel en las pequeñas cosas, no podrá ser fiel en cosas más grandes; es más, no se te concederán mayores responsabilidades. Estas palabras de Jesús, grábatelas a fuego en tu cabeza para que te acompañen durante toda tu vida.

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Igual nunca te lo han dicho, pero las decisiones que tomamos en la juventud influirán mucho en el tipo de adulto en el que nos convertiremos. Y esto nos lleva a otra consecuencia directa del estilo de vida y ocio del que venimos hablando: la inmadurez. Dicho de otra forma, las ganas de no crecer nunca.

Existe un gran grupo de jóvenes que mantiene el comportamiento propio de la adolescencia en cuanto a la centralidad del ocio de fin de semana, la idealización de los verdaderos amigos y los comportamientos de riesgo, hasta bien entrados los treinta y muchos. Tíos con barba, que peinan canas (o que apenas tienen pelos que peinar), con edad adulta, pero que pasan la semana contando las horas que quedan para reunirse con sus amigos para hacer botellón. Es preocupante ver jóvenes de 25-30 años que mantienen un estilo de vida propio de la adolescencia porque no quieren crecer.

En el otro extremo, nos encontramos con niños y niñas de 9 ó 10 años con comportamientos adolescentes. Y esta es otra consecuencia: la pérdida prematura de la inocencia. Vivimos en una sociedad que permite y anima a los adolescentes a participar de información y experiencias de todo tipo para las que a menudo no están ni emocional ni psicológicamente preparados ni formados.

Los actuales adolescentes viven experiencias que antes ocurrían a los 18-20 años; y por otro lado, los niños viven situaciones que antes estaban reservadas a los adolescentes. Es fácil encontrarse con niñas de 10 años que imitan a sus hermanas adolescentes de 16 años y copian su forma de vestir, hablar o peinarse. Es una adolescencia adelantada.

Sin lugar a dudas, podemos concluir que cierto tipo de ocio y estilo de vida pone en peligro la salud física y psicológica, y que no estimula ni ayuda a avanzar hacia la madurez, sino todo lo contrario: favorece llegar a la edad adulta con una manera de pensar y relacionarse propia de los adolescentes.

Javier Elzo, catedrático de Sociología en la Universidad de Deusto y autor de varios libros, dice:

“Hay una masa importante de adolescentes que no sé cómo van a llegar a los 30 años. Les veo muy poco armados psicológicamente, no saben dónde están los límites ni lo que es la cultura del esfuerzo, el trabajo bien hecho, la responsabilidad. Quizá, la realidad les frene, pero para mí es una incógnita saber cómo van a desenvolverse en el futuro. Hay un nivel importante de violencia entre los menores, propiciado porque no les han puesto límites, no han recibido una educación en responsabilidad y no soportan la contradicción. La publicidad les bombardea con mensajes donde todo se consigue sin esfuerzo, desde aprender inglés hasta comprarse un coche. Aunque no sean conscientes, la carga de profundidad publicitaria acaba dejándoles huella, porque el problema no está en que recurran cada vez más a la tecnología, sino que en su mayoría lo hacen sin medida ni criterio. Eso les conduce hacia contenidos banales, propicia el individualismo, la falta de imaginación, la incultura y la adicción”.

¿Quieres crecer? ¿Cómo lo conseguirás? ¿En qué tipo de hombre o mujer te quieres convertir cuando seas mayor? ¿En qué modelos de chicos y chicas más mayores que tú te estás fijando ahora mismo? ¿Qué pasos prácticos y concretos estás dando para conseguir el futuro que sueñas alcanzar? ¿Hacia donde estás dirigiendo tu vida? Si no paras para reflexionar, otros acabarán decidiendo por ti.

Créditos

Texto extraído del libro «Tiempo libre ¿lo disfrutas?» del sello Yam! de Andamio Editorial y GBE, escrito por Eva López.

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